La Convención de Viena
Sobre los Contratos de Compraventa Internacional
de Mercaderías y el Derecho Mexicano. Estudio Comparativo(*)
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Por Jorge Barrera Graf2

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas y profesor de Derecho Mercantil en la UNAM y de Sociedades Mercantiles en la UIA. 2

(*) Conferencia pronunciada por el autor en los cursos de Derecho Corporativo, el día 27 de octubre de 1981 en la UIA.

SUMARIO: 1. Regulación interna y externa de la compraventa. 2. Reglas sobre la formación de los contratos. 3. Obligaciones del vendedor. 4. Obligaciones del comprador. 5. Acciones por incumplimiento del contrato. 6. Efectos de la rescisión y del cumplimiento forzado. 7. Transmisión de riesgos. 8. Conservación de la cosa.



     1. REGULACION INTERNA Y EXTERNA DE LA COMPRAVENTA

     Aunque los ordenamientos internacional e interno se apliquen al mismo contrato de compraventa, difieren sustancialmente en cuanto que la Convención, por una parte, sólo cubre compraventas internacionales y exclusivamente de mercancías (y no a toda clase de éstas), y por otra parte, sólo se refiere a algunos aspectos de dicho contrato; en tanto que las normas del derecho mexicano regulan a la compraventa en general, de toda clase de bienes y respecto a todos los contratos de tal naturaleza, con independencia del lugar de su celebración (es decir, si son nacionales o internacionales), y respecto a todas las materias y relaciones propias de tal negocio.

     Desde otro punto de vista, en tanto que la Convención no distingue entre la compraventa civil y la mercantil (art. 1, inciso 3), nuestro derecho sí lo hace, y reserva a cada una de las Entidades de la Federación (a sus respectivos Códigos Civiles) la reglamentación de la compraventa de ese carácter, y a la legislación mercantil la venta comercial (Código de Comercio-C. Co.-y otras leyes, como la de Navegación y Comercio Marítimo-L.N. y C.M.- y la de Protección al Consumidor -L.P.C.) . Se da, pues, entre nosotros, el fenómeno de la multiplicidad de fuentes legislativas, ya que, por una parte, existen 32 Códigos Civiles que reglamentan los contratos de venta, independientemente de que éstas sean nacionales o internacionales; Códigos que resulten o pueden resultar supletoriamente aplicables en relación con las compraventas mercantiles (cuando las leyes comerciales que las rigen contengan lagunas); y por otra parte, existen varias leyes mercantiles que se aplican al contrato (C. Co., arts. 371 al 387), o a ciertos aspectos o características de éste como sucede con las compraventas marítimas reguladas en la L.N. y C.M. (arts. 210 al 221).

     Esta multiplicidad de leyes plantea problemas muy graves, en cuanto a la determinación de la ley interna supletoriamente aplicable (Código Civil Local, o Código Civil del D. F.; en adelante citado como C. Civ.), y respecto a la naturaleza civil o comercial del contrato que se celebre; si este carácter se puede predicar de las dos partes que intervienen, como en las compraventas al consumo, o sólo en relación a una de ellas; es decir, que se trate de un contrato mercantil para una de las partes y civil para la otra. Estas cuestiones son muy complejas y para su solución intervienen distintos factores, como la ley aplicable (Código de Comercio o Ley de Protección al Consumidor); el objeto del contrato (v.gr., si se trata de cosas de comercio como los títulosvalor), las partes que intervienen (si son empresarios, bancos, etc.), e incluso la finalidad del acto (si es o no especulativo, si se trata de una explotación de una empresa, etc.). Para los comerciantes, y quienes con ellos contratan, la multiplicidad de leyes es fuente de incertidumbres y de dudas, ya que ignoran las disposiciones aplicables a sus relaciones jurídicas, y la protección que la ley les otorgue.

     Por otra parte, tanto el C. Co. de 1890, como el C. Civ. del D. F. de 1928 (y todos los de los Estados que en mayor o menor medida lo han copiado), son viejos y están llenos de lagunas, en relación con un contrato tan importante como el de compraventa, que en los últimos años se ha desarrollado enormemente, con el incremento del comercio nacional e internacional, y en virtud de los distintos intereses que en él se conjugan del Estado, de los consumidores, de los empresarios.

     Ahora bien, parecería que agregar un nuevo ordenamiento, como es la Convención de Viena (al ser ratificada por el Gobierno mexicano), a los varios que ya existen, significaría aumentar la confusión y propiciar la incertidumbre y la falta de seguridad. No sería así, sin embargo. La Convención sólo se refiere al comercio internacional, campo en el que, consecuentemente, dejaría de aplicarse el derecho interno. En éste subsistirá la actual situación confusa y casi caótica, mientras que nuestro legislador federal no se decida a poner orden y preparar en esa materia (como tendrá que hacerlo en muchas de las del derecho mercantil) nuevas leyes que atiendan las necesidades actuales. Si tal hace, habría en el futuro una ley moderna aplicable a los contratos internos, y otra (la Convención) a los de carácter internacional.

     Además, dada la dispersión, la insuficiencia y la vetustez(1) de casi todas las disposiciones de nuestro derecho, que rigen al contrato de venta, un texto moderno, técnico, amplio como es el de la Convención, puede incluso servir de modelo de algunas de las instituciones que comprende, para la preparación de leyes internas. Así ha sucedido con el Anteproyecto de Ley Federal de Abastos, que reproduce en gran medida el capítulo de dicha Convención, sobre la formación de los contratos.

     Por estas razones, nuestros legisladores deben proceder a la ratificación de la Convención. Para justificar la importancia y la conveniencia de tal decisión, procederemos a la comparación de ella con nuestras leyes, siquiera sea en forma breve y compendiada, a efecto de resaltar en éstas sus defectos y omisiones, y en la Convención, los méritos y la consideración especial de problemas y de situaciones que al plantearse en el tráfico internacional protegen mejor los intereses de nuestro comercio con el exterior, y ofrecen reglas precisas para prevenir y solucionar conflictos.

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