La Convención de Viena
Sobre los Contratos de Compraventa Internacional
de Mercaderías y el Derecho Mexicano.Estudio Comparativo(*)

Por Jorge Barrera Graf



     Nuestro sistema, por otra parte, tiene omisiones y deficiencias en materias que la Convención regula mejor, como son los casos de que la conformidad se refiera a que la cosa deba estar envasada o embalada en la forma que sea la habitual para la mercancía de que se trate (art. 35 pfo. 2, inciso d), lo que en el comercio internacional actual es de gran importancia, sobre todo en el caso del transporte por contenedores; o que la cosa "sea apta para los usos a que ordinariamente se destinen mercaderías del mismo tipo" [inciso a)]; y que la responsabilidad del vendedor por la conformidad se inicia desde que el comprador recibe la mercancía (art. 36 en relación con el art. 69), o ella se entregue a un porteador en casos en que la compraventa implique el transporte (art. 36 en relación con los arts. 67 y 68). El C. Civ. (art. 2288) establece que "el vendedor debe entregar la cosa en el estado en que se hallaba en el momento de perfeccionarse el contrato"; lo que es inadecuado, ya que si la compraventa se perfecciona por el mero acuerdo de voluntades (arts. 2248 y 2249), la calidad puede cambiar desde entonces hasta el momento en que el comprador la reciba, con lo que la garantía legal no cubre ese lapso.

     En cuanto al principio de la Convención de que las mercancías sólo serán conforme al contrato si son aptas para los usos a que ordinariamente se destinen mercaderías del mismo tipo [inc. a) del pfo. 2, del art. 35], a menos de que ellas se presten a cualquier uso especial que en el momento del contrato se haya hecho saber al vendedor [inc. b ]; el Código Civil lo recoge, en materia de obligaciones, al regular el saneamiento, pero sólo respecto a "defectos ocultos de la cosa enajenada" que la hagan "impropia para los usos a que se la destinan, o, que disminuyan de tal modo este uso, que al haberlo conocido el adquiriente, no hubiere hecho la adquisición o habría dado menor precio por la cosa" (art. 2142). Si el defecto no es oculto, parece que no se aplica la regla, y en consecuencia sería indiferente para el comprador que la mercancía no cumpla la finalidad que le es propia.

     La L.P.C. -art. 33 fr. V-, extiende la garantía, en cuanto que no se limita a vicios ocultos,(9) y sobre todo, en cuanto que impone responsabilidad, no sólo al vendedor, sino también al fabricante (art. 34) -responsabilidad del producto- por "deficiencias de fabricación, elaboración, estructura, calidad o condiciones sanitarias", que hagan que la cosa "no sea apta para el uso al cual está destinada".

     Por lo que toca al derecho del comprador de examinar la mercancía, ni el Código Civil ni la L.P.C., dicen nada. En el C. Co., la aplicación del art. 374 llevaría a establecer que cuando las mercancías no hayan sido vistas por el comprador (o sea, el caso más frecuente en las ventas internacionales entre ausentes), "el contrato no se tendrá por perfeccionado mientras el comprador no las examine y acepte"; lo que provoca que esas ventas siempre se consideren sujetas a una condición potestativa; a saber, que el comprador vea la cosa y la acepte. Como es obvio, este principio resulta inaplicable, como regla general, en el comercio internacional.

     Ahora bien, en los tres Ordenamientos nuestros que se analizan, se concede al comprador el derecho de reclamar por vicios, defectos, o falta de adecuación de la cosa, dentro de distintos plazos, a saber:

     1o. Para las ventas mercantiles reguladas en el C. Co., se fija un angustiosísimo plazo de cinco días, a partir del recibo de las mercancías por el comprador, para reclamar por faltas de calidad o cantidad (art. 383).

     2o. Se fija un plazo de treinta días, en el mismo precepto, para reclamar por "vicios internos" de las mercancías, que también resulta excesivamente reducido.

     3o. Para las compraventas acompañadas de un transporte marítimo, se señala un plazo igualmente reducido de ocho días, para hacer reclamaciones, no sólo por defectos de cantidad o calidad, sino inclusive por vicios ocultos, lo que resulta absurdo (art. 221 L.N. y C.M.).

     4o. En la L.P.C., el plazo que se concede al comprador sólo es de dos meses (art. 34).

     5o. Finalmente, en el Código Civil se fija un plazo de seis meses (art. 2149).

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