La Convención de Viena
Sobre los Contratos de Compraventa Internacional
de Mercaderías y el Derecho Mexicano.Estudio Comparativo(*)

Por Jorge Barrera Graf



     8. CONSERVACION DE LAS MERCANCIAS

     Los arts. 85 a 88 del Ordenamiento internacional, que son los últimos que se refieren a la compraventa, regulan la obligación de las partes de atender en forma razonable a la conservación de la cosa, tanto en el caso de que el comprador se retarde en recibirla (art. 85), como en el caso de que después de recibida, tenga la intención de rechazarla por un supuesto incumplimiento del vendedor (art. 86); el art. 88 permite que la parte obligada a conservar la mercadería, la venda si la otra parte se ha demorado excesivamente en recibirla, o en pagar el precio, pero siempre que notifique a su contraparte, con antelación razonable" su intención de vender; si las mercancías están sujetas a deterioros rápidos, o si su conservación entraña gastos excesivos, quien debe conservarla también debe "tomar medidas razonables para venderlas". Del producto de la venta, "tendrá derecho a retener... una suma igual a los gastos razonables de su conservación y venta".

     En nuestro derecho, la obligación de conservar la cosa vendida, ya sea por parte del vendedor cuando el comprador "se demora en la recepción (art. 85), o por parte de éste, cuando el vendedor le envíe una mercancía que aquél rechace (art. 86 pfo. 1), sólo se fija en el primer caso (o sea, respecto al vendedor) y ello en forma muy vaga e indirecta. En efecto, por una parte, los arts. 378 C. Co. y 2284 pfo. tercero C. Civ., indican que cuando "el comprador acepte que la cosa vendida quede a su disposición", se tendrá por virtualmente recibido de ella y "sólo tendrá los derechos y obligaciones de un depositario"; o sea, "conservarla... según la reciba" (arts. 335 C. Co. y 2522 C. Civ.); y por otra parte, el art. 2292, para el caso de mora de recibir por parte del comprador, obliga a pagarle al vendedor el "alquiler de bodegas, graneros o vasijas en que se contenga lo vendido, y el vendedor quedará descargado del cuidado ordinario de conservar la cosa".

     El C. Civ. dispone, como ya se precisó, que si el acreedor rehusa sin justa causa recibir la prestación debida, el deudor podrá liberarse de su obligación, haciendo consignación de la cosa (art. 2098), y si ésta se ha hecho legalmente, "todos los gastos serán de cuenta del acreedor" (2103). Ahora bien, sólo en el caso de que el depositario fuera un Almacén General, éste está facultado a vender y hasta a destruir la mercancía de que se trate, si se descompusiese en condiciones que puedan afectar la seguridad o la salubridad de los almacenes (art. 282 LTOC).

     (1) Vieja es la legislación comercial y aún la civil, porque se basan en textos antiguos: nuestro Código de Comercio, en sus homónimos, español de 1829 y francés de 1808; y el Código Civil de 1928, en el de 1884 que, a su vez, copió muchas de las disposiciones del Code Napoleón de 1804.

     (2) Sólo me refiero al C. Civ. D. F., tanto porque él ha sido copiado por los de los Estados, como por la extendida práctica, que considero infundada legalmente, de considerar que es el único supletorio de la legislación comercial.

     (3) Tanto el C. Civ., como el C. Co. (arts. 1811 y 80, respectivamente), conservan una regla notoriamente arcaica, en relación con la correspondencia telegráfica, a saber: que esta forma de manifestar la voluntad, solo producirá obligación cuando las partes hubieran admitido ese medio previamente y en contrato escrito, y siempre que los telegramas reúnan las condiciones y signos convencionales que previamente hayan establecido.

     (4) El art. 1808, C. Civ., sólo permite el retiro de la oferta y de la aceptación, si una de ellas es anterior a la recepción de la otra.

     (5) Por lo demás, la Convención excluye de su aplicación a esas ventas al consumo, según dispone el art. 2 inciso a) .

     (6) "La cosa vendida debe entregarse... a bordo del buque en el lugar y tiempo convenidos".

     (7) " ...El vendedor cumplirá su obligación de entrega de las mercancías al colocarlas en el muelle al costado del buque..."

     (8) La correcta interpretación de estas normas conduce a aplicar la regla del art. 213 que indica en la nota 1.

     (9) A esta hipótesis también se refiere aunque expresamente, un artículo anterior de esa Ley, el 31.

     (10) Por analogía, se deben aplicar los usos cualesquiera que sea de tipo de transporte (aéreo, terrestre), e independientemente de que se trate de operaciones nacionales o internacionales.

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