Ley Aplicable y Celebración del Contrato de Compraventa; Una Visita al Caso Exótica

Por José María Abascal Zamora

Profesor en la Universidad Iberoamericana y delegado de México ante la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (Uncitral).

Publicado en El Financiero 22 de Junio de 1994, página 05A



     En nuestro caso un tribunal arbitral o judicial fácilmente podría sentenciar que el contrato celebrado por teléfono no fue de compraventa. La razón estriba en que el precio de las mercaderías no se estableció. De acuerdo con la Convención de Viena (Arts. 14 y 23) debe estipularse el precio o preverse un m‚todo para determinarlo; y en la plática entre Exótica y Core se acordó que el precio se convendría entre las partes, dentro de un margen que estaba entre los $4'000.00 y 4'400.00 por unidad. Si no había precio no había compraventa. Lo que se perfeccionó fue un acuerdo para celebrar uno o varios contratos de compraventa futuros y, si al ofrecerse cada embarque, las partes no se ponían de acuerdo no había sucedido nada.

     Este tipo de situaciones es frecuente y a veces se dan demandas de daños y perjuicios cuando una de las partes, de mala fe, se niega a dar su consentimiento para que se perfeccione la compraventa. Lo que sucedería en el caso si, por ejemplo, Core ofreciera los embarques a Exótica a $4,000.00 por unidad y Exótica se negara a aceptar ese precio, que fue el mínimo convenido.

     Nada de esto ocurrió en el caso de Exótica porque el contrato se perfeccionó después. En efecto, Exótica envió una carta a Core; carta que no vio el presidente de Core. Sin embargo, encargó los bienes a un proveedor y las mercaderías se remitieron a Exótica por vía marítima. La carta de Exótica constituyó una oferta, ya que contenía la propuesta de celebrar el contrato dirigida a una persona determinada (Core) y la oferta era precisa; esto es, indicaba las mercaderías, su cantidad y precio (Art. 14). Core podía aceptar o rechazar esa propuesta, sin que el mero silencio constituyera aceptación (Art. 18). El contrato quedaría formado en el momento en que Exótica recibiera la aceptación de Core (Art. 23). Tanto si se trata de la oferta, de la aceptación de una oferta o de cualquier otra manifestación de intención, se entiende que "llega" al destinatario cuando se le comunica verbalmente o se entrega por cualquier otro medio al destinatario personalmente, o en su establecimiento o dirección postal o, si no tiene establecimiento ni dirección postal, en su residencia habitual (Art. 24). La circunstancia de que presidente de Core no haya visto la carta es irrelevante; había sido recibida.

     Core no dio contestación a la carta de Exótica, pero perfeccionó el contrato con su conducta: contrató las mercancías con un proveedor y las remitió a Exótica. Tal como se dieron las circunstancias, se aplicaría el párrafo 3 del artículo 8, según el cual para determinar la intención de una parte se deber n tener en cuanta todas las circunstancias pertinentes al caso, en particular las negociaciones, cualesquiera prácticas que las partes hubieran establecido entre ellas, los usos y el comportamiento ulterior de las partes.

     Cabría invocar, también, el párrafo 3 del artículo 18, que dice que si en virtud de la oferta, de alguna práctica que las partes hayan establecido entre ellas o de los usos, el destinatario puede indicar su asentimiento ejecutando un acto relativo, por ejemplo, a la expedición de las mercaderías o al pago del precio, sin comunicación al oferente. Esto ocurrió en nuestro caso ya que las mercancías se remitieron conforme al precio estipulado en la carta de Exótica; de tal manera que oferta y aceptación coincidieron como la imagen en un espejo y el contrato se perfeccionó. De no haber sido así, Exótica hubiera podido rechazar la remisión ya que no se ajustaba a los términos de su carta, ni se le había ofrecido el embarque a un precio entre US 4,000.00 y 4,400.00, para convenir el precio, de acuerdo al primer contrato, telefónico, celebrado entre las partes. Por cierto que Dinamarca, Finlandia y Noruega, no se adhirieron a la segunda parte de la Convención de Viena, en donde se encuentran los artículos relativos a la formación del contrato a que me he venido refiriendo. De manera que en esos países no se aplica la Convención de Viena para la celebración del contrato; sólo la parte tercera de la Convención, que se ocupa de los derechos y obligaciones de los contratantes. Una notable diferencia es que en esos lugares se puede perfeccionar una compraventa sin determinar el precio y esa situación, en cierta manera, la prevé la Convención de Viena en su artículo 55. En alguna otra ocasión me ocuparé de ello.

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